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PLAZA DEL
COSO
29 de marzo
de 1937 - Brihuega
comparada por Hemingway con una victoria a escala de Guerra Mundial
Por
ERNEST HEMINGWAY
MADRID, 28 de
marzo -- Era un día luminoso y claro en las rojas colinas al norte de
Guadalajara, cuando llegamos al borde rocoso de una meseta, donde una
carretera blanca bajaba serpenteante hacia un valle empinado, y mirábamos
a las tropas fascistas en una meseta que subía por el estrecho valle.
"Allí
viene uno por ese sendero," dijo un oficial español a mi lado.
"Tienen un nido de ametralladoras allí. Mire, hay tres más.
Mire allí, cinco más."
Me senté con
un par de prismáticos y conté más de 150 soldados moviéndose sobre
la meseta y los senderos a lo largo de su cara escarpada. "Ellos
no tienen artillería allí," me aseguró el oficial, "y están
demasiado lejos para usar las ametralladoras contra nosotros."
Los soldados
Fascistas, llevando uniformes del Ejército español regular, con un
batir de capotillos, trabajaban pausadamente para fortificar su posición
a lo largo de la escarpada cuesta.
Bajo nosotros
en el valle estaban los castaños grupos de casas de los pueblos de
Utande y Mudeux. Al lado izquierdo Hita, como un cuadro cubista contra
la empinada colina en forma de cono.
La blanca
carretera a nuestros pies llevaba hacia la meseta opuesta. Después de
la batalla de Brihuega, el avance hasta más allá de Utande había
forzado la retirada fascista al menos hasta Jadraque. Pero en su
retirada, los fascistas destruyeron la carretera, por lo que las
fuerzas gubernamentales decidieron permanecer en su excelente posición
actual, en lugar de avanzar a lo largo de la carretera principal de
Aragón y prolongar su peligroso flanco izquierdo.
Era el primer
día caluroso de la primavera y las tropas se quitaban las camisas
para tomar el sol y zurcirlas. Junto a un comandante de brigada que
había luchado en Brihuega, su corresponsal camino casi un kilómetro
a lo largo de la carretera principal de Aragón.
Mientras la
meseta izquierda estaba en manos de tropas Españolas Rebeldes, la línea
por la carretera principal de Aragón, según los informes, estaba
sostenida por italianos de una división que se mantuvo en la reserva
y no se usó en la batalla de Brihuega. Salvo por algunos disparos de
batería, con los Leales usando armas italianas capturadas y obuses,
el frente estaba completamente tranquilo, con expectativas de
permanecer así hasta que las tropas italianas hubieran tenido tiempo
de reorganizarse.
Este
corresponsal duda de que incluso entonces intenten otro ataque en el
sector de Brihuega, ya que la posición gubernamental está ahora
totalmente reforzada y las posibilidades de defensa se vieron en la
batalla, mientras que las señales de la derrota más sangrienta de
los italianos en la primera batalla de esta guerra luchada con una
organización a escala de una Guerra Mundial todavía cubren un campo
de batalla de diez kilómetros de ancho.
Es imposible
no enfatizar la importancia de esta batalla, donde los batallones Españoles,
compuestos principalmente de muchachos apenas formados el último
noviembre, no sólo lucharon obstinadamente en defensa junto a otras
tropas mas veteranas, sino que atacaron en una complicada y
perfectamente organizada operación militar sólo comparable a las
mejores de la Gran Guerra.
Este
corresponsal que ha estado estudiando la batalla durante cuatro días,
revisando las posiciones sobre el terreno, con los comandantes que la
dirigieron y los oficiales que lucharon en ella, y siguiendo las
huellas de los tanques, declara rotundamente que Brihuega tendrá
lugar en historia militar junto a otras batallas decisivas en el
mundo.
No hay nada
tan terrible y siniestro como la huella de un tanque en acción. La
huella de un huracán tropical deja una guadaña caprichosa de
destrucción completa, pero los dos surcos paralelos que deja el
tanque en el barro rojo llevan a escenas de muerte planeada peores que
cualquiera dejada por un huracán.
Los bosques
de matorrales y robles al noroeste del palacio de Ibarra, cerca de un
ángulo de la carretera de Brihuega a Utande, todavía están llenos
de cadáveres italianos que las escuadras de enterradores no han
alcanzado todavía. El rastro de los tanques lleva a donde ellos
murieron, no como cobardes sino defendiendo nidos de ametralladora hábilmente
construidos y posiciones de rifles automáticos, donde los tanques los
encontraron y donde todavía permanecen.
Los campos
baldíos y los bosques de robles son rocosos, y los italianos fueron
obligados a construir parapetos rocosos en lugar de intentar excavar
la tierra donde una azada no cortaría, y el efecto horrible de los
obuses disparados por los cañones de los sesenta tanques que lucharon
junto a la infantería en la batalla de Brihuega estallando en y
contra éstas pilas de rocas crearon una pesadilla de cadáveres. Los
pequeños tanques italianos, sólo armados con ametralladoras, estaban
tan desvalidos contra los tanques gubernamentales medianos, armados
con cañón y ametralladoras, como botes Guarda Costas contra cruceros
blindados.
Los informes
sobre que Brihuega fue simplemente una victoria aérea, con las
columnas huyendo en tropel y aterrorizadas sin luchar, se corrigen
cuando se estudia el campo de batalla. Fue una batalla de siete días
amargamente luchada, la mayor del tiempo bajo una lluvia y nieve que
hacían imposible el transporte mecanizado.
En el ataque
final bajo el que los italianos rompieron lineas y huyeron, el día
era propicio para volar, y 120 aviones, sesenta tanques y
aproximadamente 10,000 soldados gubernamentales derrotaron a tres
divisiones italianas de 5,000 hombres cada uno. Fue la coordinación
de esos aviones, tanques e infantería la que llevo a esta guerra a
una nueva fase. Quizás no le guste y puede creer que es propaganda,
pero yo he visto el campo de batalla, el botín, los prisioneros y los
muertos.
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